
En la instalación cultural se habla de siete leyendas de la Ciudad de los Tinajones. La más conocida, tanto en Cuba como en el extranjero, es la que advierte: “Del tinajón salían las aguas que tomaban lugareños y visitantes. Decía la tradición que el forastero que las bebiera siempre volverían al territorio.” Entre las muchas leyendas de la ciudad hay varias relacionadas con Tínima, la hija de un famoso cacique de la zona de principios del siglo XVI, según una de estas leyendas, Tínima fue obligada a desposarse con un conquistador, ella infeliz con su vida se arrojó a las aguas del río que tomó su nombre, y que es el mismo que hoy día cruza por la ciudad y da nombre a una marca de cervezas.
De acuerdo con otra de las leyendas, el padre de la bella indígena camagüeyana, el cacique Camagüebax, acogió amablemente a los conquistadores, pero ellos, llenos de ingratitud, le dieron muerte y lanzaron su cuerpo desde el cerro Tuabaquey en Cubitas. Su sangre volvió eternamente roja las tierras de la zona.

Cuenta asimismo una leyenda que hacia 1679, el filibustero Granmont invadió Puerto Príncipe y raptó 14 mujeres por las cuales los vecinos debieron pagar un elevado rescate, otra habla de la hermosa Dolores Rondón, quién rechazó el amor del barbero y poeta Agustín de Moya y prefirió casarse con un oficial español. Ella murió en la pobreza, pero el célebre epitafio sobre su sepultura iba a inmortalizarla.
La mas conocida, sin embargo, es la del Aura Blanca, inmortalizada por la poetisa camagüeyana Gertrudis Gómez de Avellaneda. Según la leyenda creada por el pueblo, el religioso franciscano José de la Cruz Espí (1763 - 1838), conocido como el Padre Valencia, gozaba del cariño del pueblo principeño: brindaba toda clase de servicios, mediaba en disputas y aconsejaba a quién necesitara de él. Con su empeño el Padre Valencia construyó un hospital lazareto que llegó a ser el orgullo de la ciudad, pero a su muerte la escasez y el hambre hizo presa de los míseros leprosos y las auras tiñosas recorrían ya el abandonado huerto del hospital, en espera de los cuerpos de los famélicos enfermos, entonces, siempre según la leyenda, en el mes de Mayo apareció de repente un ejemplar albino de la especie. El “aura blanca” se dejó coger mansamente, y hasta dicen que parecía querer acariciar las llagadas manos de sus captores, al día siguiente todo Puerto Príncipe (hoy Camaguey) comentaba que el alma del Padre Valencia, tantas veces invocada en medio de los sufrimientos de los lazarinos, había bajado a ellos.

El captor del aura blanca, el doctor José Ramón Simoni Ricardo, director honorífico del hospital, la expuso en la Casa de Gobierno durante el siguiente mes de Junio y ante el interés general que provocó el ave se hizo una exposición pública cobrándose la entrada y destinando lo recaudado a aliviar las perentorias necesidades del hospital. Posteriormente y con igual propósito el ave fue paseada por el país y para incrementar la recaudación, también fue rifada y así llegó a llegó a Matanzas, allí la adquirió —en perfecto estado de salud— el sabio naturalista Don Francisco Ximeno, para su zoológico personal.

Finalmente, el aura blanca murió en Matanzas y allí se realizó el trabajo de taxidermia en 1864. Ximeno la mantuvo entre los ejemplares de su colección hasta 1884, cuando la vendió al Museo de Historia Natural del Instituto Provincial de Segunda Enseñanza, donde estuvo casi un siglo, y luego en la librería “El Pensamiento”. Hoy se puede ver en el Museo Provincial de la Atenas de Cuba, en el Palacio de Junco. Este ejemplar albino de la especie Cathartes aura es uno de los exponentes más antiguos de Cuba.
Menos antigua, y sin el aura de la leyenda, hay otra aura blanca en el Museo Provincial de Camagüey.
Autor: Lazaro David Najarro Pujol - Octubre 21, 2008